Cólicos del lactante: qué son, cuánto duran y cómo calmar al bebé
Qué son los cólicos del lactante, cuándo empiezan y cuándo mejoran, qué medidas ayudan a calmar al bebé, qué evitar y cuándo consultar con el pediatra.
Salud y vacunas · 7 min de lectura
Si tu bebé llora con fuerza durante horas, casi siempre a la misma hora de la tarde, y nada parece calmarlo, puede que se trate de cólicos del lactante. Aquí te explicamos qué son, por qué no se conoce una causa única, cuánto suelen durar, qué medidas de consuelo tienen respaldo, qué conviene evitar y cuándo consultar con el pediatra. También hablamos de algo igual de importante: cómo cuidarte tú mientras pasa esta etapa.
Qué son los cólicos del lactante
Se llama cólico del lactante a los episodios de llanto intenso e inconsolable en un bebé sano, que come bien y gana peso con normalidad. Suelen empezar de forma brusca y sin motivo aparente. Es habitual que el bebé se ponga rojo, encoja las piernas sobre la tripa, apriete los puños o arquee la espalda. Esa postura hace pensar que le duele la barriga, aunque no siempre es así.
Para describirlos se usa a menudo la llamada «regla de los tres»: llanto más de 3 horas al día, más de 3 días por semana, durante al menos 3 semanas. Es una definición clásica y orientativa, pensada sobre todo para estudios. Hoy los pediatras se fijan más en que el llanto sea prolongado, difícil de calmar y aparezca en un bebé que, por lo demás, está bien. No sirve como diagnóstico casero: para hablar de cólico, el pediatra tiene que haber descartado antes otras causas de llanto.
Cuándo aparecen y cuánto duran
Los cólicos siguen un patrón bastante reconocible:
| Etapa | Qué suele pasar |
|---|---|
| Primeras semanas de vida | Empiezan los episodios de llanto intenso |
| Alrededor de las 6 semanas | Suele ser el momento de más llanto |
| Hacia los 3-4 meses | Mejoran de forma espontánea en la mayoría de los bebés |
Los episodios son más frecuentes por la tarde-noche y pueden durar desde un rato hasta varias horas. Entre crisis, el bebé está tranquilo, come con normalidad y crece bien. Los cólicos no dejan secuelas, y saber que tienen fecha de caducidad ayuda a sobrellevarlos.
Por qué ocurren: lo que se sabe y lo que no
No se conoce una única causa. Se cree que influyen varios factores a la vez: la inmadurez del sistema digestivo y del sistema nervioso, la flora intestinal, el aire que traga al comer o el propio temperamento del bebé, que a esta edad todavía está aprendiendo a gestionar los estímulos que recibe.
Mitos frecuentes
- «Tu leche es floja». No existe la leche materna floja. Los cólicos aparecen tanto en bebés que toman pecho como en los que toman biberón, y no son un motivo para dejar la lactancia.
- «Lo vas a malacostumbrar si lo coges tanto». Coger en brazos a un bebé que llora no lo malcría. Responder a su llanto le da seguridad.
- «Es por algo que has comido». En general, la madre que da el pecho no necesita cambiar su dieta. Solo en situaciones concretas, como la sospecha de alergia a las proteínas de la leche de vaca, el pediatra puede valorar retirar algún alimento.
- «Algo estáis haciendo mal». Los cólicos aparecen en bebés muy bien cuidados. No son culpa de nadie.
Cómo calmar a un bebé con cólicos
No hay un truco que funcione siempre ni con todos los bebés. Lo más útil es probar distintas medidas con calma, de una en una, y quedarte con las que mejor le funcionen al tuyo:
- Contacto piel con piel: tenerlo sobre tu pecho, con su piel contra la tuya, le aporta calor, tu olor y el ritmo de tu respiración.
- Porteo: llevarlo en un portabebés ergonómico le mantiene cerca y en movimiento. Comprueba que va bien sujeto, con la cara visible y la barbilla separada del pecho para que respire sin dificultad.
- Mecer con suavidad: en brazos, caminando por casa o paseándolo en el cochecito. El movimiento rítmico y lento suele tranquilizar.
- Ruido suave y constante: un «shhh» cerca de su oído, una canción en voz baja o un sonido continuo de fondo a volumen bajo, nunca junto a su cabeza.
- Evitar la sobreestimulación: luz tenue, pocas voces, pocas visitas y poco trasiego de brazos en brazos, sobre todo a última hora de la tarde.
Revisa las tomas y los gases
A veces el llanto mejora con pequeños ajustes en la alimentación:
- Si toma pecho: revisa el agarre. Un agarre poco profundo puede hacer que trague más aire o que la toma sea menos eficaz. La matrona o una consultora de lactancia pueden ayudarte a comprobarlo.
- Si toma biberón: usa una tetina con un flujo adecuado a su edad, ofrécelo con el bebé semiincorporado e inclina el biberón para que la tetina esté siempre llena de leche.
- Expulsión de gases: incorpóralo sobre tu hombro durante la toma y al terminar, dándole palmaditas suaves o frotando su espalda.
No todo llanto es hambre: ofrecerle comida cada vez que llora puede hacer que coma más de lo que necesita. Si tienes dudas sobre cuánto debería tomar, te puede ayudar nuestro artículo sobre cuánto debe comer un recién nacido.
Lo que no conviene hacer
- No le des infusiones (manzanilla, hinojo, anís…). Llenan su estómago y desplazan la leche que necesita, y algunas, como el anís estrellado, han causado intoxicaciones en lactantes.
- No uses remedios caseros. Tampoco miel ni chupetes untados en ella: antes del año la miel está desaconsejada por el riesgo de botulismo.
- No cambies de leche por tu cuenta. Ni pases a fórmulas «anticólico», sin lactosa o especiales sin que el pediatra lo indique, ni dejes el pecho por los cólicos.
- No le des medicamentos ni gotas sin indicación del pediatra, aunque se vendan sin receta.
Sobre los probióticos, algunos estudios con cepas concretas han observado una reducción del llanto en ciertos bebés, sobre todo con lactancia materna, pero la evidencia todavía es limitada. Si te lo planteas, coméntalo con el pediatra para que valore si tiene sentido en tu caso.
Cuidar de quien cuida
Escuchar a tu bebé llorar durante horas sin poder calmarlo agota a cualquiera. Es normal sentirse frustrado, impotente o al límite. Eso no te convierte en mal padre o mala madre.
- Pide relevo. Organiza turnos con tu pareja o con alguien de confianza para que cada uno pueda descansar y dormir algo.
- Acepta ayuda con las comidas, la casa o los hermanos mayores.
- Sal a la calle con el bebé en el portabebés o en el cochecito: a veces el cambio de ambiente os sienta bien a los dos.
Nunca sacudas al bebé. Zarandearlo, aunque sea unos segundos, puede causarle lesiones cerebrales graves e incluso la muerte (síndrome del bebé zarandeado).
Si notas que pierdes la calma, deja al bebé boca arriba en su cuna o en otro lugar seguro, sal de la habitación unos minutos, respira y, si puedes, llama a alguien. Que llore un rato en un lugar seguro no le hará daño. Si la tristeza, la ansiedad o el agotamiento se mantienen en el tiempo, háblalo con tu matrona o tu médico de familia: también es parte de cuidar al bebé.
Cuándo consultar con el pediatra
Consulta siempre si es la primera vez que tu bebé tiene episodios de llanto así, para que el pediatra confirme que se trata de cólicos. Y consulta sin esperar si, además del llanto, observas:
- fiebre: en menores de 3 meses, cualquier fiebre requiere valoración médica (más detalles en fiebre en el bebé: a partir de cuántos grados preocuparse);
- vómitos frecuentes o en escopetazo (salen con mucha fuerza);
- rechazo de las tomas o que come mucho menos de lo habitual;
- poca ganancia de peso o menos pañales mojados de lo esperado;
- sangre en las heces;
- un llanto de tono distinto al habitual, muy agudo o quejumbroso;
- un bebé decaído, muy dormido, pálido o que no reacciona como siempre;
- episodios que empiezan o empeoran después de los 4 meses.
Ante cualquier duda, o si sientes que no puedes más, consulta: para eso está tu equipo de pediatría.
Detecta patrones con Nidubi
Cuando los días se mezclan entre tomas y llantos, es difícil saber si las crisis aparecen siempre a la misma hora o si tienen relación con las tomas o las siestas. Con Nidubi registras las tomas y el sueño en segundos y puedes anotar cuándo empiezan y cuánto duran los episodios de llanto. Así ves de un vistazo cómo evolucionan semana a semana y puedes enseñárselo al pediatra en la consulta. También te ayuda a seguir sus horas de sueño y su calendario de vacunación.